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El principal problema sería el uso ineficiente de agua para riego, que representa el 78% del recurso utilizado en Chile.

En febrero de 2015, los 12 millones de habitantes de Sao Paulo vivieron la peor crisis hídrica de su historia. La extrema sequía provocó que el gobierno brasileño decretara cortes de abastecimiento de agua de hasta cinco días por semana, con pérdidas millonarias para la agricultura. Si la capital económica de un país dueño de gigantescas presas, poderosos recursos hídricos y un octavo del agua dulce del mundo se quedó casi sin suministro de agua, ¿podrá pasar en Chile algo similar? La respuesta del gerente de Sustentabilidad de la Fundación Chile, Juan Ramón Candia, es sí y antes de lo que pensamos. Según expertos, entre las soluciones más factibles estarían la desalinización del agua por nuevos métodos como el grafeno, el tratamiento de aguas servidas para reutilizarlas en riego y un sistema de cobranza a los agricultores por la cantidad de agua administrada. O bien lo que parece ser más plausible: invertir y educar para frenar el uso excesivo e innecesario de agua para riego agrícola.

Del 100% del agua que cae en la superficie chilena, 70% termina desperdiciada en el mar, mientras que del 30% restante 78% se utiliza en agricultura. Por lo tanto, según explica Luis Gurovich, presidente de la Asociación Gremial de Riego y Drenaje (Agryd), cualquier esfuerzo para aprovechar el agua que se está gastando tiene que ir destinado a mejorar la eficiencia en la agricultura. “Es bonito enseñarle a los niños que cierren la llave cuando se están lavando los dientes, pero lo que se ahorra de agua ahí es la nada comparado con lo que se gasta en la agricultura”, señala. Sin embargo, como indica Gurovich, la tecnología agrícola de última generación enfocada en el uso eficiente del agua está disponible para la industria chilena, el problema es que no se usa bien. “Los equipos están, abarcan la cuarta parte de la superficie regada que ya está con equipos de riego tecnificados; el problema es que no está extendido, faltan los otros 3/4. Y del cuarto que están, el aprovechamiento real que se hacen de esas inversiones por riego, no es óptimo”, indica.

Para el experto, los problemas en la gestión son evidentes y se hace prioritario educar en cuanto al uso de agua, que se rieguen los cultivos en el momento indicado y no con exceso que es lo que está ocurriendo en la mayoría de los campos chilenos. El principal problema en avanzar en cuanto a uso eficiente y responsable del agua estaría, según Gurovich, en la gratuidad del agua en Chile. “Mientras no se implemente un sistema en el cual el uso de este recurso tenga un valor por sí mismo en la agricultura, o sea, por cada metro cúbico que usas tenga un valor, no hay mucha posibilidad de que se hagan las inversiones para que se mejoren las eficiencias porque no hay ningún estímulo económico para hacerlo”, señala. La eficiencia del uso del agua en agricultura está en el orden del 30%, es decir, de cada 100 metros cúbicos, los cultivos se benefician con 30 y los otro 70 se pierden. Según Gurovich, una posible solución sería la cobranza por parte de las organizaciones de usuarios a los agricultores. “Lo que hay que castigar realmente es el excedente, o sea, lo que usan por más arriba de lo que necesitan los cultivos”, propone.

La Fundación Chile se encuentra trabajando en varias ideas que si bien, el gerente de Sustentabilidad reconoce como poco viables actualmente, serían según él una antesala para nuevas tecnologías que apunten al uso eficiente del agua en un futuro próximo. Estos proyectos revolucionarios apuntan al transporte de agua desde el sur al centro y norte del país por medio de tuberías flexibles submarinas, bolsas gigantes arrastradas por el mar y trasvasije de buques-tanques provenientes del Golfo Pérsico y reacondicionados para el traslado de agua en Chile. Sin embargo, para Juan Ramón Candia una solución más factible sería la reutilización de aguas servidas. “Hoy día en Chile hay 34 emisarios de aguas servidas que van al mar y que descargan millones de metros cúbicos. La tecnología de hoy te permite tratar esa agua y hacerla potable si quieres, lo que pasa es que es difícil desde el punto de vista social aceptarlo”. A pesar de esto, la Fundación Chile se encuentra trabajando en conjunto con la autoridad de Valparaíso en un proyecto para tratar el agua servida de las comunas de Petorca y La Ligua y reutilizarlas en riego agrícola.

Si hay una solución que ambos expertos ven como viable es la desalinización. Si bien la industria minera en Chile ya está utilizando este método, significa un costo demasiado alto para la agricultura. “La desalinización, claro pareciera ser la solución como ocurre en Qatar, porque la fuente es casi infinita. Pero hoy día veo difícil que los agricultores estén dispuestos a pagar el costo de un metro cúbico de agua desalinizada”, comenta Candia. El grafeno, según Luis Gurovich, aparece como el futuro de este sistema en Chile y el mundo. Producto de un carbono purificado, el grafeno es un conductor de la electricidad 200 veces más poderoso que el cobre, lo que generaría la energía necesaria para bombear el agua hacia los valles. “Tiene un costo muy bajo, de tal manera que cuando eso se transforme en una cosa comercial que puede ser en 4 ó 5 años. Ahí vamos a tener mucha agua del mar (…). Podría producir una gran revolución”, explica Gurovich. El problema de esta maravilla es que la instalación del sistema significaría costos altísimos de inversión para los agricultores. “Tendría que venir del Gobierno porque es muy difícil que una empresa privada invierta en una tecnología tan nueva, no es rentable”, explica el experto.